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2013/03/11

Modas Prueba

VESTIDOS DE NOCHE PARA UNA FIESTA JUVENIL 2013



Existen una gran cantidad de colores y modelos que nunca pasan de moda y lucen sensacionales en todos los tipos de piel como este es el caso de los vestidos juveniles para fiestas de noche, son femeninos y sensacionales que siempre estará a la vanguardia.
Los vestidos juveniles para fiestas darán a las chicas ese toque de feminidad y elegancia que todas deseamos tener, aumentaran nuestra seguridad y por ende todos nos verán hermosas, echa un vistazo a esta galería que te fascinara por algunas ideas que traemos para ti.

 

2008/12/06

Diablo Huma - cerámica

Cerámica "Arte Popular Ecuatoriano" Virgen sincrética

“El Arte Popular” Superación de la barrera entre el arte popular y el arte culto.

Es un hecho que el Arte Popular y el Arte erudito incitan cada vez más la atención de los intelectuales, eruditos, pensadores y demás, al igual que va siendo una preocupación para los teóricos del arte, quienes tratan de articular o excluir las formas de arte populares, sin duda esto llevará a cuestionar bastantes ideas fundamentales de la teoría estética, e integrar reflexiones de esta disciplina que forma parte indisociable de nuestra cultura.
La distinción entre Arte Culto y Arte Popular, como un caso particular de la distinción entre alta cultura y cultura popular, forma parte de los principios de la teoría estética. En está reflexión trataré de ver cuál es el fundamento de la misma, así como de analizar el trasfondo estético de las críticas al arte popular, para, desde ahí, emprender una defensa del mismo, con el propósito de ubicarla en equivalencia con el arte culto, es decir, como un producto que puede no sólo satisfacer los criterios de la tradición estética, sino que, además, puede enriquecer el concepto tradicional de lo estético y aspirar al mismo valor que el arte consagrado.
El arte que hoy se muestra en los museos, galerías, tuvo en su origen funciones sociales, religiosas, políticas, etc.
Lo que en una época es arte popular en otra se transfigura en arte culto o, dicho de otra forma, buena parte del arte hoy considerado culto fue en su origen arte popular.
El que sean consideradas una u otra cosa depende de cómo sean consideradas por los custodios de los santuarios de la cultura es decir el (poder), lo que coloca la cuestión de qué es arte culto y qué arte popular. “Considero que hay una razón de mucho peso para defender el arte popular desde el punto de vista estético: nos proporciona demasiada satisfacción estética como para aceptar estereotipos, como que el arte popular es juzgado degradante y estéticamente ilegítimo, que son las razones, en general, difundidas por los supuestos defensores de la satisfacción estética “pura”. La defensa del arte popular debe, pues, enfrentar a los críticos con sus presupuestos teóricos y éstos guiados en muchas ocasiones únicamente por un gusto que han teorizado, hasta el punto de ocultar el mismo gusto bajo un manto de pesadas reflexiones; Se trata, pues, de resignificar al arte popular en la arena de la reflexión estética en paridad con el arte culto, como un expresión que, nace de antecedentes y contextos diferentes, puede no sólo satisfacer los criterios de la tradición estética, sino que, además, puede enriquecer el concepto tradicional de lo estético y aspirar al mismo valor que el arte consagrado.
El asunto es la legitimación estética, cuya exclusividad para el arte culto es lo que ponen en cuestión los defensores del arte popular, en la medida en que aceptan que los valores estéticos que están en el arte culto pueden encontrarse también en el arte popular. Para ello debemos identificar, predicados tradicionalmente estéticos, tales como “unidad”, “gracia”, “gusto”, etc. se aplican con regularidad a productos de arte popular sin mayores problemas desde los más diversos ámbitos, tanto de la recepción, como de la crítica.
Aunque es más meritorio suponer que el arte popular se evalúa como arte en función de términos de su funcionalidad y que la función relevante concierne a rasgos estéticos de “gusto” y de placer que obtenemos en ellos, más que en rasgos complejos de representación, expresión y comunicación que llegan ser prominentes en obras de arte posteriores. Esta discusión, en todo caso, nos lleva a un medio o forma de arte preexistente y que viene dada por la amplia distribución y la accesibilidad de los artefactos culturales. Esta distinción implica que el gusto y los valores de las audiencias populares llegan a jugar un papel significativo en las diversas formas de arte existentes. Partamos de pensar que como artista plástica reconozco todas las prácticas sociales a partir de la percepción que de ellas tengo, pero con esta percepción no puedo definir la forma en que se encuentran manejadas en nuestra sociedad, esto requiere de una mirada sistémica, reflexiva que supone un punto de vista complejo, objetivo, pretendiendo transformar la percepción acerca de la realidad o de un fragmento de la misma y construir una mirada desde un campo específico de conocimiento, teniendo en cuenta que está filtrado por distintos posiciones ideológicos y políticos que se encuentran en constante lucha.
El concepto de herencia, de poder reconocer un fondo cultural común, se fue convirtiendo en instrumento clave para impulsar el arte popular. Reconocer la diferencia se vuelve un concepto básico para afirmar la identidad. No olvidemos que el tema de la identidad ha sido y es una preocupación constante para las y los latinoamericanos, situación en la que pesa no sólo la diversidad, sino los propios conflictos y oposiciones que tal diferencia genera. Las dificultades para configurar la idea de nación propiciaron la necesidad de imaginarios integradores donde lo variado tenía poca cabida, de allí el desplazamiento cultural que se produce en aquellas poblaciones con etnias diferentes a la blanca, cuando en algunos casos esas etnias, consideradas como minorías, son la mayoría numérica de la población.
El Arte Popular, sin dejar obviamente de percibir la subordinación de las clases populares a la cultura dominante. En América Latina, el modo de producción capitalista incluye desiguales tipos de producción económica y simbólica.
Aunque la modernización económica, académica y comunicacional ha logrado una cierta homogeneidad, coexisten capitales culturales desiguales que constituyen desarrollos culturales alternativos no sólo por la indiferencia de su reproducción. No pueden someterse las formas propias de conservación de las clases populares a versiones empobrecidas de la cultura dominante, únicamente el pueblo conservador de su originalidad, logra producir formas artísticas autenticas. Este arte auténtico es trasladado a lugares que le puedan dar la definición elitista de arte popular (museos étnicos, galerías artesanales como Olga Fish, que en la mayoría de ocasiones prosperan y se enriquecen de la producción del pueblo y en incontables momentos manipulan su elaboración), que le confiere este título a todo aquello encerrado dentro de una estructura edificada para dicho fin. El hecho de poder acceder a este nuevo título de arte, aceptado por la élite cultural, da a los artistas populares la posibilidad de obtener mejores ingresos económicos, lo que nos lleva a pensar en la contradicción que se da en el momento justo en que se acercan a la élite cultural; en el que los artistas populares se verán expuestos a los estímulos e influencias del arte culto y probablemente dejarán de ser los mismos artistas crédulos que llegaron con sus obras puras, que fueron la causa inicial de dicho acercamiento. El tipo de colonización vivida en América Latina, la forma como se exterminó o sometió a los indígenas, el traslado masivo de población de otros continentes -no sólo la africana, sino la migración europea- le da a Latinoamérica una estructuración particular y diversa a la de otros espacios. El proceso de independencia no tuvo éxito para resolver esas peculiaridades, sino que terminó reforzando la validez del eurocentrismo y la mezcla fue desfigurándose desde el comienzo la noción de quiénes somos. Pensar el pasado, desde la interculturalidad por la vía de la reflexión no se trata instintivamente de rechazar lo occidental e idealizar los componentes no occidentales, sino de entender el concepto de cultura híbrida, popular de masas o como usted quiera llamarla, que entreteje heterogeneidades, realidades que coexisten y se yuxtaponen.
En arte popular convive con su poder de cohesión de grupo y de identificación, ya que sus formas más complejas están constituidas de tal manera que, cada miembro del grupo puede sentirse como parte integrante de las expresiones de este arte popular. Esa necesidad de reformular los discursos sobre la identidad, está entonces relacionada con la recontextualización de experiencias anteriores. La crisis del centro, la quiebra de la hegemonía, ayuda a crear una autoconciencia sin prejuicios donde nociones como hibridación, significación de lo popular, de lo "kitsch", de lo vernáculo, se convierten en recursos válidos para crear propuestas visuales donde coexisten elementos tomados de la cotidianidad con otros aportados por los lenguajes del arte contemporáneo occidental. Y la variedad de apropiaciones que se asumen en el campo de las artes plásticas latinoamericanas, alcanza niveles insospechados, los desarrollos particulares, los contrastes que marcan sus diversidades históricas, reconocen la complejidad que encierra el ser resultado de la multinacionalidad y también de, la multiculturalidad.
La crítica a la modernidad facilitó también la reformulación de la cuestión de la identidad, reconociendo el carácter múltiple de la experiencia artística de áreas periféricas. Y las formulaciones críticas acerca del arte de nuestro tiempo buscan no sólo un proyecto nuevo, sino demostrar que no existen ni ideas ni formas únicas de representar la realidad, sacándole el máximo partido al valor del disenso y a la productiva mezcolanza lo que lleva a reconocer que el artista latinoamericano puede recuperar su historia sin que ello signifique dejar de echar mano a las propuestas más universales.
Para los artistas la memoria se construye ligada a la subjetividad, pero también a la identidad, de allí que la aproximación a un mismo evento puede generar procesos mentales y emocionales diversos y ser variadas las historias orales.
No podemos dejar de ser conscientes de que hablar sobre la identidad en el arte latinoamericano, supone un aquí y ahora, para el que no funciona ni repetir miméticamente teorías prestadas, ni negarnos a tenerlas en cuenta so pretexto de que vienen de afuera. La reformulación que la critica contemporánea hace al tema de la identidad y al arte popular, pone sobre la mesa la necesidad de asumirnos como somos, es necesario entender la "latinoamericanidad de la inclusión" es decir que para un latinoamericano es significativo reconocer que no es ni sólo europeo, ni indígena, ni africano, sino alguien que tiene que descubrirse a si mismo y crear su propia expresión en el devenir temporal de su historia.
Sabina Paredes
Artista